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Como responder al telefono en varios idiomas

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Hola! En este último día feriado de Carnaval en Argentina, les dejo una nota que me pareció súper útil.

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Aunque se suele pensar que para responder a una llamada en otros idiomas basta con saludar, en realidad la mayoría tienen una o varias palabras específicas para indicar la respuesta a una llamada telefónica. Pensemos por un momento que, aunque se puede decir “hola” en castellano, la forma más extendida en nuestro idioma es “¿diga?”, que no sólo sirve para indicar que estamos disponibles al otro lado de la línea, sino que también es una invitación a que se nos hable.

Aquí os mostramos algunas de las palabras que podéis utilizar si os llama alguien que hable desde otro país.

  • Brasil: Alô?
  • China: Wei. (significa algo parecido a “hola”, pero sólo se utiliza en las conversaciones telefónicas).
  • Finlandia: Haloo?
  • Francia: Allô?
  • Alemania: El que responde suele utilizar su nombre y apellido o solamente el nombre si se está seguro de que se trata de una llamada informal.
  • Holanda: Hallo.
  • Inglaterra: Se suele responder con un sencillo “hello”, pero en conversaciones informales se puede utilizar “‘ello” (hello sin “h”), que, curiosamente se acerca al “aló”.
  • Islandia: Halló?
  • Israel: Shalom (no tiene que ver con “Aló”, sino que significa tanto “hola” como “adiós”).
  • Italia: Pronto (Al igual que “Wei” esta expresión únicamente se utiliza en las llamadas).
  • Japón: Moshi moshi.
  • Portugal: Está?
  • Rusia: Slushayu (que significaría “le escucho”)
  • Turquía: Alo?
  • Vietnam: A-lo?

Con esta muestra podéis observar que el saludo más extendido es “Aló” en variadas formas. Por supuesto a nadie se le ocurriría saludar en la calle a nadie con esa palabra. Pero, ¿por qué se ha convertido en la expresión más extendida a la hora de responder? No se sabe a ciencia cierta, pero hay una teoría que afirma que todo comenzó con las pruebas de llamadas a larga distancia de Edison y un asistente de origen húngaro. Para indicar que no había perdido la señal, este asistente repetía una y otra vez “hallom”, que en húngaro significa “Oigo”. A Edison le gustó la expresión por ser corta, y parecerse a “hello”. Ignoramos cómo es que se difundió por el resto del mundo (aunque se dice que, dado que Edison tenía asistentes de todas las nacionalidades, estos podrían haber llevado la expresión a sus lugares de origen).

 

Otro curioso origen es la del saludo telefónico japonés ”moshi moshi”. La leyenda cuenta que los zorros, animales maliciosos y diabólicos en Japón, engañaban a la gente disfrazándose de humanos. Podían imitar perfectamente a una persona, pero no podían decir la palabra “moshi”. Nadie asegura que al otro lado de la línea no haya un malvado zorro diciendo ser alguno de nosotros, así que diciendo “moshi moshi” dejamos claro que somos una persona. Por supuesto en estos días nadie cree ya en historias de animales embrujados, pero el simpático saludo ha prevalecido.

Ahí lo tenéis: ya sabéis un par de cosas curiosas para contar en vuestra próxima llamada.

Fuente

 

Zygmunt Bauman: “Hoy nuestra única certeza es la incertidumbre”

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Hola 2012!! Mi primer post de este año tiene que ver con mis raíces teóricas.

Haber estudiado Comunicación en la UBA me dió ese background de información que sigue firme en mis actos diarios. Muy probablemente no me de cuenta, pero es algo no del todo consciente, que guía mis acciones.

Los dejo con esta linda nota a uno de los filósofos de la carrera, contemporáneo y muy interesante.

Buen año para todos!!

 

PD: Gracias @laurispv por compartir la nota!

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Su pensamiento y su obra han sido analizados en una docena de libros. Hijo de una familia judía humilde, ex marxista polaco huido del estalinismo, se refugió en la universidad británica -Universidad de Leeds- y se convirtió en un superventas filosófico. Tirando del hilo de su concepto de modernidad líquida, que define los rasgos característicos de nuestra época, ha escrito sobre la vida líquida, el amor líquido, los miedos líquidos.

Cuál es su descubrimiento más reciente?
Con un pie en la tumba intento hacer balance, y mi constatación es que acabaré donde empecé.

¿Buscando una sociedad perfecta?
Sí, hospitalaria para los seres humanos.

¿Qué ha aprendido en el trayecto?
He vivido bajo diferentes regímenes, ideologías, modas…, y lo que me resulta más sorprendente es que hay dos valores sin los cuales la vida humana sería impensable: la seguridad y la libertad.

Reconciliarlos es imposible, dice usted.
Cuanta más libertad tengamos menos seguridad, y cuanta más seguridad menos libertad. En la sociedad, la conquista de libertades nos lleva a una gran cantidad de riesgos e incertidumbres, y a desear la seguridad.

Y entonces nos sentimos ahogados.
Sí, conseguimos que no nos atraquen por la calle, que si caemos enfermos nos atiendan, pero nos volvemos dependientes, subordinados, y eso nos hace sufrir. Así que volvemos a evolucionar a una mayor libertad.

¿En qué punto estamos hoy?
Estamos asustados por la fragilidad y la vacilación de nuestra situación social, vivimos en la incertidumbre y en la desconfianza en nuestros políticos e instituciones. Estudiar una carrera ya no se corresponde con adquirir unas habilidades que serán apreciadas por la sociedad, no es un esfuerzo que se traduzca en frutos. Toda esta precariedad se expresa en problemas de identidad, como quién soy yo, qué pasará con mi futuro.

Y así llegamos a sus fluidos: sociedad líquida, amor líquido, miedo líquido…
Sí, la modernidad líquida, en la que todo es inestable: el trabajo, el amor, la política, la amistad; los vínculos humanos provisionales, y el único largo plazo es uno mismo.

Todo lo demás es corto plazo.
No se da el tiempo para que ninguna idea o pacto solidifique. Este enfoque ya forma parte de la filosofía de vida: hagamos lo que hagamos es de momento, por ahora.

Nada dura para siempre, ni siquiera el futuro.
Hoy nadie construye catedrales góticas, vivimos más bien en tiendas y moteles.

¿Y por qué lo considera un problema?
Objetos y personas son bienes de consumo, y como tales pierden su utilidad una vez usados. La vida líquida conlleva una autocrítica y autocensura constantes; se alimenta de la insatisfacción del yo consigo mismo.

Nos hemos quedado sin utopías.
La felicidad ha pasado de aspiración para todo el genero humano a deseo individual. Se trata de una búsqueda impulsada por la insatisfacción en la que el exceso de los bienes de consumo nunca será suficiente.

Y llegamos al consumidor consumido.
Hemos trasplantado unos patrones de comportamiento creados para servir a las relaciones entre cliente y producto, a otros órdenes del mundo. Tratamos al mundo como si fuera un contenedor lleno de juguetes con los que jugar a voluntad. Cuando nos aburrimos de ellos, los tiramos y sustituimos por algo nuevo, y así ocurre con los juguetes inanimados y con los animados.

Es decir, otros seres humanos.
Sí, hoy una pareja dura lo que dura la gratificación. Es lo mismo que cuando uno se compra un teléfono móvil: no juras fidelidad a ese producto, si llega una versión mejor al mercado, con más trastos, tiras lo viejo y te compras lo nuevo.

¿Qué efectos tiene en el ser humano?
Una actitud racional para con un objeto es una actitud muy cruel para con otros seres humanos. El consumismo es una catástrofe que afecta a la calidad de nuestras vidas y de nuestra convivencia. Creemos que para todos los problemas siempre hay una solución esperando en la tienda, que todos los problemas se pueden resolver comprando, y esto induce a error, nos debilita.

¿Por qué nos debilita?
Porque nos priva de nuestras habilidades sociales, en las que ya no creemos.

¿Cómo construirse a uno mismo, hallar la felicidad en este mundo líquido?
Hay dos factores que cooperan para modelar el camino de la vida humana, uno es el destino, algo que no podemos cambiar, pero el otro elemento es el carácter.

Ese sí lo podemos moldear.
El destino dibuja el conjunto de opciones que tienes disponible, siempre hay más de una opción. Luego el carácter es el que te hace escoger entre esas opciones. Así que hay un elemento de determinación y otro de libertad.

¿Hay que resistirse para ser libre?
Viviendo en una sociedad de consumidores, resistirse a ser un consumidor es una opción posible pero muy difícil. Por lo tanto, la probabilidad de que la mayoría de las personas decida resistirse al consumismo es una probabilidad muy lejana, aunque todas las mayorías empezaron siendo minorías.

¿Alguna solución individual?
Uno no sólo puede, sino que debe vivir su propia vida y el modelo de vida que le encaje, consciente de las consecuencias y costes que acarrea. Y el problema de mejorar la sociedad, y esta es la respuesta a todas las preguntas futuras que me pueda hacer usted.

¿…?
Se resume en hacer que la sociedad sea más benevolente, menos hostil, más hospitalaria a las opciones más humanas. Una buena sociedad sería la que hace que las decisiones correctas sean las más fáciles de tomar.

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¿Auto qué?

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Hola! Cerrando ya casi el año les comparto unas palabras de mi tan admirado Enrique Pinti. Siempre me gusta lo que dice, siempre me gustan sus reflexiones.

Propongo hacer un poco de autocrítica para cerrar este año y comenzar el 2012 a pleno!

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A nadie le gusta perder, ni a los políticos ni a los deportistas ni a los actores y productores ni a los hinchas de fútbol ni a los niños ni a los viejos ni a los que compran billetes de lotería ni, por supuesto, a los jugadores empedernidos que se patinan fortunas en las mesas de póquer, ruleta o truco sin olvidar a las antiguas generaciones que juegan por el honor sin apostar un peso a la vieja y querida escoba de quince.

Y es natural, todos queremos saborear el gustito de la victoria y vivir la hermosa sensación de ser los más listos, los más hábiles, los más astutos y los más carismáticos.

Pero, ¿y si perdemos? Bueno, ahí hay que desplegar toda nuestra inteligencia para asumir la derrota con gracia y donaire sin dar lástima, pero con autocrítica. ¿Auto qué? Flor rara y muy exótica, la autocrítica no tiene el mismo lugar que ostenta el autobombo, trampa mortal de la vanidad y parienta muy cercana de la alienación que nos conduce inexorablemente al ridículo.

La aplastante mayoría de los políticos minimizan sus fracasos por más estruendosos que estos hayan sido y culpan por la debacle a la ignorancia de un pueblo aletargado, abúlico, sin memoria, frívolo, pancista y tarado, el mismo pueblo al que hasta cinco minutos antes del fin de campaña le chuparon las medias y otras cosas, calificándolo como vox Dei, que si mis lejanos estudios de latín no me engañan quiere decir ni más ni menos que la voz de Dios. Si así se comportan cuando pierden fácil es imaginar la actitud cuando ganan, en ese caso ponen al pueblo en un pedestal de sabiduría a niveles altísimos, se agrandan como poroto en agua y pronostican una instalación perpetua en el poder. Ni ellos mismos se lo creen, porque si tienen una trayectoria más o menos larga en la actividad saben por experiencia que pueden ir de la cumbre al abismo en menos de lo que dura un suspiro, a menos que se instaure una dictadura. Y aún así, ni ellas son eternas, aunque a veces sean demasiado largas y los tiranos se den el lujo de morir de viejos en camas confortables, pero gracias a Dios eso no sucede siempre (Hitler y Mussolini lo demuestran).

Los actores, productores o directores tenemos lo nuestro también, aunque debo decir en nuestro descargo que nuestras vanidades y mentiras no causan daño al pueblo sino a nosotros mismos.

Si la obra fracasa, los actores culpamos al autor, al director, al productor y hasta a la sala. Estrenamos en mala fecha… Mucho calor… Mucho frío… La gripe A… La sala está fuera del circuito… Faltó promoción… Los afiches salieron tarde y los tapó la campaña electoral… El director se equivocó…, decimos los actores. Estos actores son un desastre, dice el director. Y en una unión fraternal, actores, director, productor dicen a coro la obra está obsoleta y no le interesa a nadie, mientras el autor, si está vivo, replica con un la destrozaron, hijos de una gran puta. Y si está muerto, les tirará una pedorreta desde el cielo, el infierno o el purgatorio, rubricada con un corte de manga.

Los deportistas, sobre todo futbolistas en el mundo latino de América y Europa, sin olvidar a británicos, escandinavos y eslavos, tienen su proyección negadora en hinchas, hooligan y demás fanáticos que verán goles que no fueron tales, ignorarán faltas flagrantes reproducidas en imágenes HD más fieles que la perra Lassie y harán volar sillas y mesas de bares y pubs de todo el planeta en peleas encarnizadas que si se desarrollan en la cancha, en vivo y en directo, pueden llegar a convertirse en trifulcas sangrientas con muertos y heridos. Cualquier cosa, menos aceptar la derrota y ponerse las pilas para tratar de remontar la mala racha.

Es lógico que cada acusado de un crimen diga que es inocente y niegue su culpabilidad para evadir el castigo. Lo que no es lógico ni aceptable es que cuando algo no sale como nosotros hubiéramos querido, adoptemos la actitud inmadura e infantil, en el peor sentido de la palabra, de no afrontar nuestros errores y asumirlos como primer y fundamental paso para llegar al verdadero éxito, o sea, saber quién es uno y cómo se puede llegar a ser otro mejor.

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La publicidad como ciencia social

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Qué linda que es mi carrera! 

Les comparto esta nota por si aún no la han visto. 

 

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(Por Orlando C. Aprile) - La ideología de la comunicación publicitaria siempre se corresponde con el consumo – Umberto Eco

El término publicidad apareció por primera vez en 1655, en la Biblia y como advertencia. Poco después empezó a utilizarse para ofrecer mensajes sencillos e informativos. Con la revolución industrial, durante el siglo XIX, comenzó a tener importancia y relevancia.

En general, los mismos publicitarios matrimonian a la publicidad con el arte. Aldous Huxley, el autor de Un mundo feliz (Brave new world) la caracterizó “como la capacidad de sentir, interpretar (…) y poner los latidos del corazón de un negocio en los medios de comunicación”.

De hecho y en los hechos, en la publicidad hay mucho de arte pero básicamente está instalada en el mundo de los negocios y moviliza, en todo el mundo, miles de millones. Por esta y otra razones que se asocian,  la publicidad debe ser caracterizada como ciencia social así como ha sucedido con el marketing y con la psicología.

 

El gasto publicitario

Para conformarse como disciplina científica, la publicidad debe estructurar de manera sistemática los conocimientos mediante la observación, la experimentación y los razonamientos. De esta manera está en condiciones de estructurar sus conocimientos y establecer patrones de acción. Las grandes inversiones publicitarias, la instrumentación de las campañas y las generosas pautas en los medios de comunicación se apoyan en investigaciones, tendencias y plataformas mediáticas con la finalidad de acotar los riesgos e incrementar las probabilidades de éxito. Puesto que una campaña de publicidad no es una apuesta de lotería sino un gasto que busca convertirse en inversión.

 

Casos ejemplares

La historia abunda en ejemplos que caracterizan a la publicidad como una disciplina que busca ser científica. Por caso, en 1940 Rosser Reeves lanzó la fórmula USP (Unique Selling Proposition) para señalar que en la comunicación de un producto es mucho mas conveniente y eficaz destacar una sola de sus características o bondades del producto en lugar de alinear varias.

Al recordar el centenario del nacimiento de Marshall McLuhan, se recuperó su famosa receta The medium is the message para connotar la interrelación esencial entre el mensaje que se quiere comunicar con el medio elegido. Umberto Eco, al referirse concretamente a los mensajes publicitarios los caracterizó como un sistema de expectativas ubicado en el campo de la retórica. Y Juan González Martín distinguió a la publicidad como el instrumento esencial para promover el consumo simbólico.

Abundan así los ejemplos y los casos que indican que la publicidad es una disciplina que tiene sólidas características y, por esto mismo, tiende a ubicarse en el amplio y generoso campo de las ciencias sociales.

 

Las marcas, construcciones simbólicas

En consecuencia, la publicidad es una disciplina social porque reconoce e instrumenta valores. En este aspecto tiene como respaldo la reconocida pirámide de Maslow que orienta el proceso de consumo a partir de las necesidades básicas hacia la autorrealización. Por eso, la publicidad ha transformado los productos y bienes de consumo en marcas. Y las marcas en realidades simbólicos.

Y ya en este campo, las marcas y los mensajes publicitarios destacan los estilos de vida, especialmente en los sectores de la moda, la cosmética, el espectáculo y el turismo. Para Earnest Calkins “la publicidad modifica el pensamiento cotidiano porque le da nuevas palabras, nuevas frases, nuevas ideas, nuevas costumbres”. R. Cremoux va mas allá al bautizar a la publicidad como “la gran  madre orientadora”.

En el campo de las ciencias sociales, la publicidad debe rescatar y estructurar su impronta científica mediante la investigación, los razonamientos y la experimentación para organizar sus corpus teóricos y sus conocimientos. También debe interrelacionarse con otras disciplinas científicas tal como ya lo está haciendo con el marketing, la psicología y la semiología. Para así concentrarse en el extraordinario ámbito del consumo donde Zygmunt Bauman, Gilles Lipovestky, Jean Baudrillard, Abraham Moles, José Manuel Pérez Tornero y otros están haciendo grandes aportes.

En el campo de las ciencias sociales la disciplina publicitaria verá aumentar su complejidad, su riqueza y también sus logros. Y todo este proceso se multiplicará porque la publicidad le va a imponer su impronta creativa. Como poesía del deseo, para Bruce Barton “la publicidad, no inventó los productos ni los servicios, tampoco inspiró el coraje de quienes construyeron las fábricas ni las maquinarias que los producen. Lo que hizo y hace la publicidad es estimular la ambición y los deseos, acelerando este proceso que es el mayor incentivo para producir”.

Mediante la investigación, los estudios de casos y la experiencia, además de los errores, la publicidad está en condiciones de ser una singular disciplina científica.

Que así sea.

 

Referencias bibliográficas

Baudrillard, Jean: El sistema de los objetos (1985)

Costa, Joan: Reinventar la publicidad (1992)

Dichter, Erwing: La estrategia del deseo (1963)

Eco, Umberto: Apocalípticos e integrados en la cultura de masas (1968)

Klein, Naomi: Nologo. El poder de las marcas (2001)

Lipovetsky, Gilles: El imperio de lo efímero (1990), El lujo eterno(2004), La felicidad paradójica (2007)

Peninou, Guy; La semiótica de la publicidad (1976)

 

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